
(Ciudad de México, 1940 — Ciudad de México, 4 de julio de 2017)
Mario Almela fue pintor paisajista cuya obra se centró en la representación del campo mexicano y, de manera destacada, en los volcanes del país. Desde niño mostró inclinación por la pintura al aire libre y a los doce años ingresó en la academia del maestro José Bardasano, donde perfeccionó su dibujo; más adelante trabajó de manera autónoma y aprendió restauración junto a su padre, habilidades que le permitieron acceder a lugares recónditos y desarrollar una práctica pictórica directa y sostenida. Su recorrido por la geografía mexicana —costas, selvas, valles y especialmente las faldas y cumbres del Popocatépetl e Iztaccíhuatl— dio lugar a series documentales y pictóricas de notable alcance. En 1997 se publicó el libro Mario Almela. Luz y Sol, editado por José Ignacio Aldama, con ensayos de Luis Ortiz Macedo que lo sitúan entre los grandes paisajistas mexicanos.
A lo largo de su vida realizó exposiciones individuales y colectivas; su última muestra presencial fue El paisaje y los volcanes de México, presentada en la galería Aldama Fine Art en 2008, donde exhibió 37 óleos sobre tela. Entre sus series más conocidas está la dedicada a la ascensión del Iztaccíhuatl, compuesta por más de cien obras: esta serie constituye una fuente artística documental de primera mano sobre la montaña y sus recorridos.
Técnicamente, Almela destacó por su manejo de la luz y la atmósfera: trabajó tanto en acuarela como en óleo, con una paleta que privilegió la claridad y la temperatura cromática para captar variaciones climáticas y horas del día. Su práctica de pintar in situ, a menudo en condiciones exigentes por la altitud y el clima, aportó a sus pinturas una cualidad documental y sensorial que las distingue dentro del panorama del paisaje mexicano contemporáneo.
El trabajo de Almela también ha dialogado con la memoria de los grandes paisajistas y las genealogías del tema: su obra fue incluida en el proyecto curatorial dedicado a Gerardo Murillo “Dr. Atl” en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), dentro de la exposición Atl, fuego, tierra y viento, que puso en relación el legado de Dr. Atl con paisajistas contemporáneos y tradiciones pictóricas afines. Esta participación reafirma la posición de Almela en la tradición del paisaje mexicano y su contribución documental y estética al estudio de los volcanes. Además, su trabajo forma parte de colecciones públicas y privadas, entre ellas la del Museo Kaluz. La obra de Almela sigue siendo consultada por historiadores del arte, curadores y alpinistas-pintores que encuentran en sus imágenes una referencia sobre la iconografía y el registro visual de los volcanes mexicanos, así como una invitación a considerar el paisaje como documento y experiencia estética.